Siempre llevo en mi bolsillo unos datos personales por si me pierdo…
También para poner como epitafio en los documentos oficiales, las paredes sociales y para conocimiento de todo aquel que quiera saber sobre mí:
Hace muchos, muchos años, pasé por la aduana hacia los Estados Unidos en un ataúd. A mediana edad, pero bien muerto.
Estaban perdidos los libros leídos, la carrera universitaria y la larga trayectoria profesional.
Sin embargo, por medio de esa gracia inmerecida que Dios reparte por el mundo, salvé mi vida y pude dedicarla a la Obra de Cristo.
Todo lo bueno que luego me ocurrió fue colateral y pura consecuencia.
FIN DE LA HISTORIA.
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