Hoy salí a caminar inspirado. Dos de mis hijas están a punto de traer al mundo otras dos mujeres, para reafirmar mi tradición matriarcal.
Cuando a media mañana el sol en mis espaldas aminoró el dolor de mis huesos, hasta me atreví a elevar una oración:
Oh, que mis futuras nietas sean buenas personas.
Pude ignorar en el parque a los que a esa hora cumplen con la rutina de darle comida a los patos que se multiplican por el lugar. De nada les vale los letreros de: “No alimentar a los animales silvestres”.
Oh, que a mis futuras nietas Dios las libre de todo mal, dije hacia lo alto.
Esta vez no perturbé a los del parque conque a los patos el pan les produce graves problemas de salud, además de hacerlos muy dependientes.
Oh, que mis futuras nietas sean libres y buenas estudiantes, expresé en voz baja.
Los anuncios del parque suenan crueles y autoritarios para esas personas, muchas de ellas ancianas solitarias tratando de amortizar sus culpas.
Oh, que mis futuras nietas no tengan nunca de qué avergonzarse, continué.
Cuando cayó la tarde y el frio volvió a mis huesos, ya no me sentí tan indulgente:
¡Oiga, señora! ¡No les des comida a los patos!
Y apuré un final para mi oración:
Oh, que mis futuras nietas no salgan, oh Dios, ya sabes… ni putas ni liberales.